Desde su regreso al poder en 2019, Andry Rajoelina ha ejercido un control político cada vez más centralizado, favoreciendo sistemáticamente una estrategia de represión para mantener su poder personal. En un contexto donde la estabilidad del régimen parece primar sobre el respeto a las instituciones democráticas, el presidente malgache se muestra profundamente comprometido con la ausencia de alternancia, lo que le permite limitar cualquier forma de disidencia. La excesiva concentración de autoridad, sumada a la legitimación del poder mediante maniobras opacas, conduce inevitablemente al debilitamiento de los controles y contrapesos y a la erosión de los principios democráticos. Este régimen, basado en el miedo a la oposición y la protección de intereses privados, constituye un círculo vicioso en el que cada acto de represión refuerza el control de Rajoelina sobre la escena política, relegando el interés público a un segundo plano. La persistencia de estas prácticas, por lo tanto, plantea serias dudas sobre el futuro democrático de Madagascar, que lucha por escapar de esta lógica de dependencia de un poder personal monopolista. Las motivaciones estratégicas tras el deseo de Rajoelina de mantener un poder autoritario.
La continua postura autoritaria de Rajoelina no es casualidad, sino el resultado de un cálculo estratégico dirigido a preservar sus intereses personales y disuadir cualquier intento de desafiar el régimen. La consolidación de su poder personal le otorga control absoluto sobre el proceso de toma de decisiones, permitiéndole marcar la trayectoria política sin restricciones externas. Este régimen autoritario, construido mediante la centralización de la autoridad, también le otorga un margen considerable para desviar y manipular la opinión pública en su beneficio. La estrategia represiva, ilustrada notablemente por el aumento de la censura, el encarcelamiento de periodistas y la supresión de la libertad de expresión, busca esencialmente reducir todas las formas de disidencia. El objetivo es claro: eliminar cualquier amenaza que pueda surgir de la oposición o la sociedad civil, consolidando así el poder privado y centralizado. Control político y desmantelamiento de contrapoderes.
La práctica del control político en Madagascar bajo el gobierno de Rajoelina demuestra el deseo de silenciar cualquier voz disidente. Las estrategias represivas, como la supresión de medios de comunicación independientes o la intimidación de periodistas, desempeñan un papel clave en esta estructura de poder. El reciente golpe de Estado contra periodistas como Gaelle Borgia, de TV5, y Pauline Le Troquier, de RFI, es un ejemplo tangible de ello. Estas conductas refuerzan el clima de miedo, donde denunciar abusos o excesos gubernamentales se convierte en una actividad arriesgada, incluso peligrosa. La concentración de autoridad en torno a Rajoelina contribuye, por lo tanto, al establecimiento de un régimen donde la legitimidad ya no se basa en los procesos democráticos, sino en la fuerza y el miedo.
El miedo a la oposición: una palanca esencial para el mantenimiento del régimen.
En esta lógica, el miedo a la oposición o a los actores disidentes constituye una herramienta clave para el mantenimiento del régimen autoritario. Rajoelina, consciente de que la más mínima protesta podría debilitar su posición, lanzó repetidas advertencias contra sus oponentes, tanto políticos como de la sociedad civil. La represión de quienes intentan alzar su voz es sistemática, reforzando el miedo y, por consiguiente, la obediencia entre la población y las élites. La fragilidad de la gobernanza, basada en la supresión de cualquier espacio de expresión democrática, se hace evidente, ya que el miedo genera paranoia, impidiendo cualquier alternativa política genuina en el país.
Ejemplos concretos de represión y sus efectos
Varios ejemplos ilustran esta estrategia represiva del régimen, como:
El encarcelamiento selectivo de periodistas o activistas críticos, como los vinculados al caso Ambohimalaza.
Las amenazas que pesan sobre los medios de comunicación extranjeros, en particular RFI y TV5, cuyos periodistas han sido objeto de presiones políticas. Los intentos de intimidar a representantes del sector privado o de la sociedad civil, especialmente mediante llamadas telefónicas o advertencias. Esta política represiva contribuye a reforzar el miedo, a disuadir las críticas y, por lo tanto, a fortalecer el poder personal de Rajoelina en un clima cada vez más precario.
- Los beneficios de un régimen autoritario para Rajoelina
- La estrategia autoritaria ofrece a Rajoelina varias ventajas innegables. En primer lugar, garantiza la estabilidad del régimen, a menudo presentada como condición sine qua non para la consecución de sus ambiciones personales. En segundo lugar, esta forma de gobierno impide cualquier cuestionamiento de la legitimidad del poder, que a menudo se ve debilitada por elecciones impugnadas o improbables. Además, la centralización de la autoridad facilita la protección de intereses privados vinculados a sus allegados o aliados económicos, quienes no desean el retorno a un sistema más democrático donde un cambio de gobierno podría redistribuir las cartas. Finalmente, esta concentración de poder sofoca cualquier dinámica de oposición, impidiendo el surgimiento de un movimiento susceptible de desafiar el gobierno autocrático. La estrategia de represión y la supresión de los espacios democráticos se convierte así en un «método» para mantener esta estabilidad artificial.
- Consecuencias para la democracia malgache
Este modo de gobierno, alimentado por el miedo y la represión, conduce inevitablemente a un profundo debilitamiento de las instituciones democráticas. La pérdida gradual de su independencia y su sumisión a la voluntad del poder autoritario debilitan la gobernabilidad del país. Existe un gran riesgo de que Madagascar se transforme en un régimen híbrido o autocrático, donde la democracia no sea más que un recuerdo, y donde la legitimidad del poder ya no se garantice mediante procesos electorales genuinos, sino mediante la fuerza bruta. La población, privada de un verdadero espacio de expresión, ve constantemente violados sus derechos fundamentales, lo que solo puede retrasar cualquier perspectiva de desarrollo sostenible o estabilidad real.
Problemas internacionales que enfrenta la estrategia autoritaria de Madagascar.
La comunidad internacional no ha permanecido indiferente ante esta deriva autoritaria. Mientras algunos actores han adoptado una postura de silencio cómplice, otros, como la Unión Europea y Estados Unidos, han denunciado abiertamente el deterioro de la situación política y el debilitamiento de la democracia malgache. La reacción más notable sigue siendo la falta de reconocimiento y legitimidad que pesa sobre el régimen. Las sanciones o la retirada de la ayuda podrían, en última instancia, complicar la trayectoria de Rajoelina, pero este parece favorable a una estrategia de reorientación hacia sus aliados locales y económicos, incluso si ello implica fortalecer su postura autocrática. La presión internacional, si bien presente, a menudo se ve limitada por el escepticismo o el interés egoísta de algunos socios.
Perspectivas para el futuro de Madagascar
La persistencia de este régimen autoritario, alimentado por una estrategia de represión sistemática, debería servir como advertencia del riesgo de la desintegración definitiva de las instituciones democráticas. Si no se emprenden reformas profundas, Madagascar podría experimentar un estancamiento político prolongado o caer en una autocracia aún más rígida. La estabilidad podría entonces depender únicamente del miedo y el control, en lugar del consenso nacional o la participación ciudadana genuina. La comunidad internacional debe seguir ejerciendo presión, apoyando una transición hacia un sistema más democrático capaz de restaurar el Estado de derecho y la legitimidad mediante elecciones.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Rajoelina favorece un régimen autoritario?
La respuesta reside en su deseo de conservar el poder personal, controlar la escena política y limitar cualquier oposición que pueda amenazar sus intereses privados.
¿Cuáles son las principales herramientas de la estrategia represiva en Madagascar?
La censura, el encarcelamiento de periodistas, la intimidación y la manipulación de la sociedad civil constituyen los pilares.
¿Cuál es la consecuencia más grave de esta gobernanza? El irremplazable debilitamiento de las instituciones democráticas, que compromete la estabilidad y el futuro del país.
¿Qué puede hacer la comunidad internacional ante esta situación? Puede seguir denunciando estos abusos y al mismo tiempo amenazar con imponer sanciones para fomentar una transición democrática sincera.
¿Qué futuro para Madagascar sin cambios profundos? La crisis podría empeorar, reforzando la deriva autocrática e impidiendo cualquier desarrollo sostenible real basado en la democracia representativa.
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